Un llamado de la Tierra
Las plantas estaban vivas, se comunicaban entre ellas, se abrazaban y se amaban.
Sentían la protección unas con otras, vivían libres y felices. Pero llegó el hombre y comenzó la destrucción: empezaron a sentir el pánico, la muerte, la desolación.
El ser humano no era capaz de entenderlas y comenzó a exterminarlas. Ellas eran imprescindibles para el reino animal, pero el hombre entendía que estaban a su disposición para utilizarlas como quisiera. Así fue devastando y destruyendo bosques, ganando terreno y materia prima vegetal, sin importar que con ello también desapareciera la vida animal.
La pérdida del aire y del equilibrio
Con el tiempo, la humanidad sintió que le faltaba el aire, y se dio cuenta de que era porque le faltaban las plantas. Pero el mal ya estaba hecho: reinaba el caos en la selva y en la ciudad, porque no podían convivir uno sin el otro.
Quisieron repoblar, devolver a la tierra la vegetación frondosa y abundante. Pero lo hicieron desde el interés económico: “si plantamos esto, nos producirá lo siguiente”.
La sabiduría de la naturaleza
La naturaleza es mucho más sabia que el hombre. Ella sabe qué planta debe nacer en cada terreno y en cada clima, pero el humano no lo comprendió. Repoblaron bosques de manera estructurada y artificial, quitándoles su autenticidad.
Las plantas volvieron a sentirse tristes: dejaron de ser seres libres para convertirse en seres dominados, sin libertad, sin raíz verdadera.
El hombre siguió plantando y poblando hasta que descubrió que esos árboles no eran lo suficientemente fuertes, que sus raíces no podían desarrollarse en esa tierra ni respirar en ese aire.
El error humano y la respuesta de la Tierra
El hombre volvió a equivocarse con la naturaleza. Pero esta vez, la propia naturaleza decidió actuar y premiar en vez de castigar. Comenzaron a nacer pequeñas plantitas por iniciativa propia.
El ser humano no lo entendió, pensó que era maleza y la cortó.
Hoy la Tierra llora de dolor, de incomprensión, pero sigue luchando cada día por restablecerse y superarse.
El llamado al cambio de conciencia
Ahora es el hombre quien debe ceder.
El cambio climático es una realidad que todavía no somos capaces de comprender del todo. Pero cada ser humano puede poner un poquito de conciencia en cada acto en favor de la Tierra, nuestra base y nuestro sustento.
Canalizado por María del Mar Rodilla. Maestra de Registros Akáshicos.